Las normas del hogar, ¿una molestia o una necesidad?

Las normas, en contra de lo que puedan creer nuestros hijos (y algunos padres), no están hechas ni para molestar ni para encorsetar a los hijos. De hecho, la mayoría de ellas surgen espontáneamente y forman parte de nuestra manera de vivir. Un niño de dos años sabe, intuitivamente, que los papeles del despacho de su padre no se tocan. ¿Por qué? Porque en otras ocasiones que ha intentado coger esos papeles su padre se ha disgustado con él, por lo que concluye lógicamente que esos papeles no se deben tocar. Ya está hecha la norma.

Pero en otras ocasiones es conveniente dedicar un tiempo a pensar cuáles queremos que sean las normas de nuestra casa así como los objetivos que perseguimos como familia. Los padres deberíamos dedicar un tiempo a trazar un proyecto de futuro que involucre a todos los miembros de la familia, que establezca normas, objetivos y consecuencias. Se trata, sencillamente, de tener una dirección a la que dirigirnos.

¿Por qué necesitan normas nuestros hijos? Porque además de socializar, favorecer la armonía familiar y poner límites a su comportamiento, les permite prever y controlar y, por lo tanto, sentirse seguros. Son su referente para saber qué se espera de ellos en cada circunstancia y cómo deben actuar. A través de esas normas sabrán que su esfuerzo es valorado y apreciado por las personas que más les importan.

Cinco claves para lograr una norma eficaz:

- Deben ser claras y concisas: digo la verdad aunque me cueste.
- Tienen que adaptarse al nivel madurativo de los hijos.
- Es importante que cada norma sea conocida y aceptada por todos los miembros de la familia. Por ello es recomendable que sean anotadas en algún lugar visible y de fácil acceso.
- Han de ser sistemáticas: su aplicación no tiene que depender del humor que tengas ese día. Si haces alguna excepción, déjalo muy claro.
- Deben perdurar durante un largo periodo de tiempo, hasta que puedan ser automatizadas por todos. Y si tienes que cambiarlas porque las circunstancias así lo exigen, házselo saber a tus hijos.

¿Cuántas y cuáles son las normas idóneas?

Las normas han de ser pocas y de vital importancia. Y todos deben respetarlas, empezando por ti. Si tus hijos son pequeños, empieza por dos o tres y ves ampliándolas a medida que maduren y sean capaces de aceptarlas y cumplirlas.

A continuación te sugiero algunas, aunque lo mejor es que cojas lápiz y papel y dediques un poco de tiempo a confeccionar tu propia lista y a priorizar tus objetivos:

- No me quejo porque siempre puede ser peor.
- Nunca pego. Me defiendo con las palabras.
- La casa es de todos y yo colaboro. No soy un invitado.
- Defiendo a mis hermanos y nunca los acuso.
- Limpio lo que ensucio sin que me lo digan.
- Digo la verdad aunque no sea fácil.
- No falto al respeto a nadie y menos a mis padres.
- Hago lo que debo y no sólo lo que me apetece.
- Antes de pedir ayuda, intento varias veces solucionarlo yo solo.
- Reconozco mis errores y pido perdón por ellos.
- Obedezco a la primera.
- Intento averiguar la verdad antes de juzgar.

Aunque esta lista pueda resultarte útil, merece la pena que reserves un tiempo para elaborar la tuya. Si te esfuerzas por seleccionar las mejores normas para tus hijos es porque previamente has reflexionado sobre tus objetivos educativos. Y ésta es la base de un buen proyecto de familia. No improvises, no dejes que sea el día a día el que marque la dinámica de tu casa. Conduce a tu familia por donde tú crees que es el mejor camino y elige las mejores señales de tráfico, que en este caso serán las normas de tu propio hogar.

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